Son fechas de estar en familia, haciendo piña como si aparentemente no hubiera ningún problema. Es tiempo para ver personas que solo vez en ciertas ocasiones, como la Navidad, una boda, un bautizo, un funeral...
Y luego estás tú, ese "para siempre" que nunca se hizo realidad, y todos los recuerdos que lo acompañan. Dos años de recuerdos haría mañana si no fuera porque una vez más he perdido la batalla, y esta vez aunque tengo la voluntad, no tengo las fuerzas.
Admiro a esa gente que es capaz de olvidar con tan solo un pestañeo, con un chasquido. Quisiera poder decir que el libro está cerrado, que no se volverá a abrir, que los recuerdos se quemarán entre las cenizas de sus páginas, pero me estaría engañando, y aunque es cierto que es hora de que empiece a pensar en mi, hay algo que me impide seguir mi camino.
Preso de la nostalgia, de los recuerdos que no volverán a hacerse realidad, de las miradas que no volverán a cruzarse y de esa voz que nunca más me susurrará un "te quiero". Necesito liberarme, quitarme las cadenas, pero no lo conseguiré si no comienzo por valorarme, por creer en mis posibilidades, confiar en un futuro yo acompañado de alguien que me complemente, de esa persona que no me jure la eternidad, sino que me haga sonreír cada día.
Hoy, comienza una cuenta atrás, alejándome del dolor, de su esencia, de su huella marcada con fuego en mi corazón. Una última carta para ti, un último adiós acompañado de un candado que jamás debería volver a abrirse.
Hola grande, me pasaba para pedir perdón por todo el daño que cansé, y por las veces que estuviste ahí, espero que la vida te vaya bien, y que por fin hayas encontrado que te haga sentir más grande de lo que eres, un abrazo.
ResponderEliminar