Son muchas las personas que
siguen preguntándome si todavía le quiero. Mi respuesta siempre es la misma: “Sí,
le quiero como jamás he querido a alguien”. Sé que lo que he pasado mucha gente
no lo puede entender. Un amor a distancia es muy difícil de llevar, pero si ese
amor está acompañado de mentiras que tardas meses en asimilar y descubrir, uno
se siente como si todo el tiempo que ha pasado hubiera sido en vano.
La verdad, no sé si ha valido la pena o no,
solo sé que durante todo ese tiempo me supo hacer feliz a su manera, aunque
hubo miles de puñaladas, aunque cinco de los siete días que tiene la semana me
los pasara llorando, esos dos días geniales borraban lo anterior, y siempre fue
así.
Hoy puedo decir que no le quiero,
que le amo, y es por eso que estoy orgulloso de mi decisión, decidir olvidarlo,
ser yo quien desaparece esta vez, con la verdad, sin excusas, sin historias surrealistas.
Las experiencias hacen crecer a
las personas, para bien o para mal. En mi caso, pese a haber pasado todo esto,
estoy seguro que llegaré a ver el lado positivo, estoy seguro que esta coraza
que he formado alrededor mía, tarde o temprano desaparecerá y volveré a confiar
en las personas que dicen que me quieren.
Es verdad, soy un loco enamorado
que dejó todo de lado para centrarse en ser feliz, pero cometí un grandísimo
error. ¿Cuál fue? Es sencillo, hice que mi felicidad dependiera de alguien que
no fuera yo, yo eso es algo que no hay que permitir. Las personas pueden ayudar
a construir la felicidad de uno mismo, pero jamás tienen que ser los motores de
ella. Lección aprendida, tarde, pero mejor que nunca.
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