sábado, 1 de diciembre de 2012

Tarde, pero mejor que nunca.


Son muchas las personas que siguen preguntándome si todavía le quiero. Mi respuesta siempre es la misma: “Sí, le quiero como jamás he querido a alguien”. Sé que lo que he pasado mucha gente no lo puede entender. Un amor a distancia es muy difícil de llevar, pero si ese amor está acompañado de mentiras que tardas meses en asimilar y descubrir, uno se siente como si todo el tiempo que ha pasado hubiera sido en vano.

 La verdad, no sé si ha valido la pena o no, solo sé que durante todo ese tiempo me supo hacer feliz a su manera, aunque hubo miles de puñaladas, aunque cinco de los siete días que tiene la semana me los pasara llorando, esos dos días geniales borraban lo anterior, y siempre fue así.

Hoy puedo decir que no le quiero, que le amo, y es por eso que estoy orgulloso de mi decisión, decidir olvidarlo, ser yo quien desaparece esta vez, con la verdad, sin excusas, sin historias surrealistas.

Las experiencias hacen crecer a las personas, para bien o para mal. En mi caso, pese a haber pasado todo esto, estoy seguro que llegaré a ver el lado positivo, estoy seguro que esta coraza que he formado alrededor mía, tarde o temprano desaparecerá y volveré a confiar en las personas que dicen que me quieren.

Es verdad, soy un loco enamorado que dejó todo de lado para centrarse en ser feliz, pero cometí un grandísimo error. ¿Cuál fue? Es sencillo, hice que mi felicidad dependiera de alguien que no fuera yo, yo eso es algo que no hay que permitir. Las personas pueden ayudar a construir la felicidad de uno mismo, pero jamás tienen que ser los motores de ella. Lección aprendida, tarde, pero mejor que nunca. 

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