Mar, sal, arena… todo un océano
repleto de sentimientos, de insignificantes habitantes. Cada uno de un color
diferente, con pensamientos diferentes, caminos acompañados y caminos
solitarios.
Y así estoy yo, como el pez que
se muerde la cola, sin saber qué hacer ni a dónde ir. Soy ese gato que ladra a
las 6 de la mañana y ese perro que maúlla por conseguir la autonomía que el
hombre no le deja.
Destino, una palabra inquietante,
y al mismo tiempo asombrosa. La verdad que no considero que exista algo
futurístico que esté escrito. Lo único que tenemos sellado desde que nacemos,
se llama muerte, no destino. Lo que pase o deje de pasar ya es cuestión de las
decisiones que vamos tomando a lo largo de nuestra vida, de los fallos que
terminan siendo grandes aciertos, y de los aciertos que llegan a ser asombrosos
fracasos.
Mientras tanto, yo voy a seguir
mi senda, voy a poner mi BSO a cada paso que doy, y si me caigo, ya me
levantaré, y si no lo consigo pues ya iré haciendo un camino paralelo bajo
tierra.
